Aunque es mucho menos conocida que la cooperación para el desarrollo, la ED cuenta ya con más de tres décadas de historia. Fue reconocida por primera vez por un organismo internacional en 1974. En ese año, la UNESCO [1] instó a gobiernos y organizaciones del ámbito educativo a considerar la educación como un proceso fundamental para solucionar los problemas de supervivencia y bienestar de la humanidad y a adoptar las medidas de cooperación necesarias para llevar esto a cabo.
Hoy en día, según la fórmula aceptada por las organizaciones de la CONGDE [2] puede definirse como un proceso para generar conciencias críticas, hacer a cada persona responsable y activa, comprometida a fin de construir una nueva sociedad civil, tanto en el Norte como en el Sur. Una sociedad comprometida con la solidaridad, entendida ésta como corresponsabilidad de las ciudadanos y ciudadanas del mundo, ya que las fronteras geográficas cada vez son más difusas. Y una sociedad participativa, cuyas demandas, necesidades, preocupaciones y análisis se tengan en cuenta a la hora de la toma de decisiones políticas, económicas y sociales [3].
En la línea del Informe Delors para la UNESCO sobre la Educación para el siglo XXI, que propone cuatro pilares para cualquier propuesta educativa: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos y aprender a ser, la ED también tiene cuatro elementos clave. Éstos puntos son: aprender a conocer de manera crítica, diversa y ética; aprender a hacer propuestas transformadoras sobre equidad y justicia; aprender a vivir y resolver conflictos juntos y de manera pacífica; y aprender a ser ciudadanos conscientes de la globalidad de sus acciones.
Más allá de la captación de fondos
A partir de estas bases, el concepto de ED en el que creemos en SED es el de un proceso continuo, que se convierte en una opción educativa transversal e integral. Va mucho más allá de las meras campañas de captación de fondos o de los actos puntuales y aislados. Tampoco se ciñe a una sola asignatura de ética, religión o educación para la ciudadanía, ni debe relegarse únicamente a los grupos de tiempo libre o catequesis. Entendemos la ED como transversal a todos los planes de estudio y sabemos que para ello es necesaria la formación continua del profesorado y de todos los actores implicados (padres, madres, alumnado, instituciones públicas, ONG…).
Desde este planteamiento -en consonancia con su Plan estratégico 2008-2011-, SED trabaja por una ED inclusiva, multicultural y diversa, que sirva para generar propuestas y soluciones y no sólo para saber “lo mal que está el mundo” y permanecer inmóviles. Un trabajo desde la convicción en que “otro mundo es posible” y la apuesta por el valor educativo de la utopía.